La familia Bagrel


Entre los casi ocho mil colonos centroeuropeos con los que se colonizaron en el siglo XVIII las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, arribaría a Fuente Palmera una familia compuesta por tres individuos apellidada Bagrel (apellido que se hispanizó como Bagre).

            El cabeza de familia era un joven labrador llamado Nicolas Bagrel, natural de Romont, en el Principado de Salm-Salm y diócesis de Toul; donde había nacido en mayo de 1735 en el seno del matrimonio conformado por Joseph Bagrel y Barbe Benoist. Éste se había casado en 1765 en la cercana localidad de Celles sur Plaine con Catherine Treff, vecina de dicho lugar y dos años menor que él; fijando allí su domicilio hasta su salida hacia España. Unos dos años después del enlace nacería Catherine Bagrel, su hija mayor.

            Muy probablemente a comienzos de la primavera de 1769, los Bagrel decidieron, al igual que habían hecho ya otras muchas familias del principado, confiar en las promesas del gobierno español y emigrar a las nuevas colonias. De este modo, tras optar por la ruta marítima y pasar por la caja de recepción de Almería, llegaron a La Carlota el 24 de junio de 1769; siendo remitidos ese mismo día por el subdelegado Fernando de Quintanilla a la colonia de Fuente Palmera. Catherine había hecho este largo viaje en avanzado estado de gestación, dando a luz un mes más tarde a una niña que sería bautizada el 31 de julio con el nombre de María Bárbara.

            A Nicolas se le entregó inicialmente la suerte 137 del 4º Departamento (a la que después se daría el número 232), procediéndose al año siguiente a asignársele la segunda suerte de su dotación, la número 251; situada en el mismo Departamento pero, a diferencia de lo que era habitual, bastante alejada de la primera. Mediaban, en concreto, nueve suertes de otros colonos entre ambas. Por ello, éste trataría de permutar una de esas suertes con su vecino; de este modo, él se quedó con la 232 pero le cambió en 1776 a Juan Santiago la 227 por la 251. Así, Nicolas pasó a poseer las suertes 232 y 227, que lindaban; y Juan Santiago la 228 y la 251.

            Aunque esta familia logró superar los difíciles años iniciales de la colonia, un episodio fortuito lo cambió todo en 1773. Catherine Treff falleció el 31 de agosto “repentinamente de resultas de una picadura venenosa”; dejando a su marido solo y al cuidado de dos hijas pequeñas. De ahí que éste decidiera contraer nuevas nupcias por no poder, según sus propias palabras, atender solo su casa. Así pues, en mayo del año siguiente se casó con Madeleine Stribic, una jovencita de veinte años, natural de Saint Blaise la Roche y vecina de San Sebastián de los Ballesteros, donde residían sus padres Jean Stribic y Anne Coupier. De este nuevo enlace nacerían varios hijos en los años siguientes, entre ellos los varones que permitieron la continuidad del apellido: Nicolás (1773), Antonio (1778), Rosa (1780) y Bartolomé (1783).

            Nicolas Bagrel debió fallecer a finales de los años ochenta del siglo XVIII, heredando las suertes de su dotación su hijo primogénito Nicolás Bagrel Stribic. Ahora bien, parece que en 1802 éste procedió a realizar una nueva permuta con Juan Santiago, intercambiando las dotaciones entre sí; unos cambios que no debieron agradar años después al intendente Pedro Polo de Alcocer, por lo que probablemente sería él quien los anulara, haciendo posible que en 1829 la composición esas dotaciones reales volviera a ser la misma que se fijó en 1771.

            En lo que respecta a su vida personal, Nicolás contrajo matrimonio con Ana Saefer, hija de Philippe Saefer y Lucie Simmermanin. Una unión de la que nacerían varios hijos: Juan José (1796), Juana María (1801), Nicolás (1811) y María (1812). Finalmente, falleció en Fuente Palmera a la avanzada edad de ochenta y dos años el 22 de junio de 1855.


Fuente: Adolfo HAMER, “Los primeros colonos. La familia Bagrel”, El Colonial. Periódico Mensual Independiente, septiembre de 2012, p. 10. Depósito Legal: CO 65-2010.

Antonio de Lara (1813-1825)


Desconocemos la fecha en la que llegó a la colonia el que fuera su penúltimo comandante civil, aunque probablemente ello tendría lugar durante la Guerra de la Independencia; no en vano, Antonio de Lara figuraba como comandante en agosto de 1813. Ciertamente, en aquel entonces el régimen foral no estaba ya vigente, pero la peculiar administración colonial hizo necesario mantener interinamente distintos cargos en plena etapa constitucional gaditana, fundamentalmente para asuntos de tipo hacendístico.

            Nuestro biografiado era natural de la villa cordobesa de Adamuz, donde había nacido hacia 1747, y estaba casado con Manuela Carracedo, natural de Córdoba. Un matrimonio del que nacieron, al menos, tres hijos: Antonia, que vio la luz en Espejo en 1789, Marcos, nacido en Córdoba en 1792, e Isabel de Lara. Todos ellos lo acompañaron a Fuente Palmera, allí harían sus vidas y en ella fallecieron. Isabel fue la primera, ya que murió a finales de 1824. Antonia, viuda de Antonio Pineda, lo hizo el 20 de julio de 1864. El último sería Marcos de Lara, que dejó este mundo a mediados del año siguiente.

            Restablecido el Fuero de las Nuevas Poblaciones, Antonio de Lara ejerció como comandante civil de Fuente Palmera en los periodos 1815-1820 y 1823-1825, estando a las órdenes del subdelegado Manuel de Sousa en ambas etapas, y encargándose de las labores de reconstrucción tras el conflicto bélico y de promover las primeras plantaciones de olivar, viña y frutales. Unas plantaciones que se contaron entre las mayores apuestas agrarias del intendente Pedro Polo de Alcocer y que se reforzarían con la creación de pagos en los últimos años de gobierno colonial.

            Aunque se volvió a contar con él en junio de 1823, los achaques propios de la edad irían dificultando el normal desempeño de su cargo. Hasta el punto que el siete de mayo de 1825, estando ya imposibilitado para continuar al frente de la comandancia, el subdelegado Manuel de Sousa nombró comandante a su hijo Marcos de Lara mientras el intendente resolvía. Pero su salud no se restablecería, falleciendo a finales de julio de ese mismo año.


Fuente: Adolfo HAMER, “Los comandantes civiles. Antonio de Lara (1813-1825)”, El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Julio-Agosto de 2012, p. 21. Depósito Legal: CO 65-2010.

La familia Rossi


El primer colono apellidado Rossi establecido en la nueva población de Fuente Palmera fue Pietro Maria Rossi, el cual era originario de Isone, hoy día integrado en el cantón suizo del Tesino, donde había nacido hacia 1733. Éste estaba casado con Maria Domenika Llanet, diez años menor que él, y con la que hasta su llegada a España en 1769 solo había tenido un hijo: Iacomo Antonino (1766).

            Las autoridades neopoblacionales le concederían la dotación real compuesta por las suertes 119 y 179 del Departamento 3º, pasando a residir esta familia en la aldea de Villalón. Allí nacerían el resto de sus hijos: Josefa (1773), Ana María (1775), Juan Domingo (1777), María (1778), Ana Catalina (1782) y Antonia (1783).

            Pietro debió fallecer a finales de la década de los años ochenta del siglo XVIII, heredando su dotación su hijo mayor Iacomo Antonino (conocido en la colonia como Diego Rossi); aunque su viuda quedaría usufructuándola hasta su fallecimiento, que tuvo lugar el 14 de enero de 1809.

            Diego Rossi, probablemente después del óbito de su padre, contrajo matrimonio con María Margarita Berenguer Mas, natural de Jalón (Alicante); una unión de la que nacería el 31 de marzo de 1794 su primogénito y heredero Juan Diego Miguel Rossi Berenguer. Tras enviudar el 16 de noviembre de 1800, contrajo segundas nupcias en octubre de 1802 con María Baena Gálvez, natural de Guadalcázar y viuda desde hacía dos años de Pedro Adame. Con ella viviría hasta su fallecimiento, acaecido el 3 de septiembre de 1830.

            En consonancia con lo dispuesto en el Fuero, la dotación real sería heredada, tras el preceptivo decreto del intendente Polo de Alcocer fechado en 6 de septiembre, por su hijo mayor. Ahora bien, aunque Diego trató de segregar el sobrante de 9 fanegas nº 1 que poseía y lindaba con su dotación, el intendente indicó que esto no podía tener efecto por formar éste parte de la dotación; de ahí que también pasara a manos de Juan Diego Rossi. Este estaba casado desde mayo de 1814 con Juana María Lorenza Pulido Baguel, natural y vecina de La Carlota pero avecindada en Villalón desde 1812.

            La suerte de esta rama familiar en materia económica no debió ser muy buena, ya que a mediados del siglo XIX, y a pesar de que todos los hijos de Juan Diego debían haber tenido parte en la herencia paterna, su hijo mayor, Juan Rossi Pulido, sólo poseía una casa en Fuente Carreteros.

            En otro orden de cosas, consideramos muy interesante analizar también el devenir familiar del otro hijo varón de Pietro Maria Rossi, no solo porque sus descendientes permitieron la continuidad del apellido sino también porque a pesar de no ser el primogénito logró conformar un patrimonio muy superior al de su hermano mayor, llegando a dotar con suertes a todos sus hijos.

            Juan Domingo Rossi Llanet nació en Villalón el 18 de junio de 1777. En los últimos años del siglo XVIII, estando aún soltero, la Subdelegación de La Carlota le concedió las suertes 168 y 173 del Departamento 3º; las cuales llevaban entonces bastante tiempo sin titular. Una circunstancia que facilitaría el que contrajera matrimonio a finales de septiembre de 1803 con Isabel Ana Teresa Genar, dos años mayor que él e hija de Lukas Genar y Theresia Smadel, la cual había enviudado de Bartolomé Trisperger en septiembre de 1801. Ésta era propietaria de las suertes 188 y 189 del Departamento 3º desde que el subdelegado Fernando de Quintanilla se las concediera en 1783, por lo que Juan Domingo pasó a gestionar dos dotaciones.

            Ahora bien, el fallecimiento sin descendencia de Felipe Genar, hermano de Ana Isabel, la convirtió también años después en heredera de la dotación de su padre; compuesta por las suertes 192 y 195 del Departamento 3º.

            Aún más, por si todo esto fuera poco, Juan Domingo Rossi se propuso dejar dotados a todos sus hijos, adquiriendo por compra, con el preceptivo permiso de la Intendencia, las dotaciones reales que necesitó. De este modo, cuando falleció en Fuente Palmera el 12 de marzo de 1833, la mayor parte de aquellos pudo empezar a disfrutar de su herencia al aceptarse lo dispuesto por él en su testamento mediante decreto del intendente Polo de Alcocer de 22 de mayo siguiente.

            Su primogénito, Juan Rossi Genar, heredó la dotación paterna (suertes 168 y 173, con su correspondiente casa en la aldea de Villalón); su tercera hija, Josefa Rossi, las suertes 121 y 127; y su cuarto hijo, Francisco Rossi, las suertes 120 y 178.

            Quedarían en manos de Ana Isabel Teresa Genar las dos dotaciones de las que era titular (188-189 y 192-195) hasta su fallecimiento, que tuvo lugar el 11 de abril de 1846. Probablemente, alguna de ellas iría a manos de su segundo hijo, José Antonio María de los Dolores Rafael Rossi Genal, nacido en Fuente Palmera el 7 de febrero de 1808 y que se había casado en abril de 1825 con María Rosa Antonia Martínez Divis, dos años menor que él y vecina de Ochavillo. Éste gestionó extraordinariamente bien su herencia, incrementándola de manera sustancial. De este modo, en 1851 poseía una suerte cerca de Villalón de 140 fanegas (90 dedicadas a  labor y 50 de monte bajo), un quiñón en Cañada Hermosa con 12 fanegas (4 de olivar y 8 de monte bajo) y otro en Cañada Hermosa con 4 fanegas de monte bajo. Asimismo, también poseía un considerable patrimonio inmueble, integrado por dos casas en Villalón y una en Aldea del Río. Ahora bien, si importantes eran por entonces su propiedades rústicas, su cabaña ganadera no se quedaba atrás, rentándole anualmente prácticamente lo mismo que aquellas; todo lo cual permitía que éste estuviera situado, con más de cinco mil reales anuales, entre los colonos con mayores rentas.

            Finalmente, es significativo el hecho de que Juan Rossi Genar, poco después de heredar su dotación, también pusiese en práctica la estrategia de su padre de intentar conseguir tierras para asegurar el futuro de todos sus hijos. Por decreto del intendente de 11 de noviembre de 1833 se autorizó a Juan Pulido a traspasar a favor de Juan Rossi, para su hijo primogénito y menor de edad José Rossi Humer, las suertes 217 y 218 del 4º Departamento por 2300 reales de vellón.


Fuente: Adolfo HAMER, “Los primeros colonos. La familia Rossi”, El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Junio de 2012, p. 10.

Bernardo Vicente de Oviedo (1785-1786)


Tras la aprobación del retiro solicitado por el subdelegado Fernando de Quintanilla y el ascenso de Miguel Ondeano a la intendencia en septiembre de 1784, se iniciaría en las colonias de Andalucía una larga visita de inspección que culminó con el nombramiento de un nuevo subdelegado. El elegido fue Antonio Cerón de Vargas quien, de este modo, a partir del 1 de septiembre de 1785 dejaría la comandancia de Fuente Palmera para pasar a residir en La Carlota.

            Para cubrir dicha vacante en la colonia, el intendente nombró como nuevo director el 1 de noviembre siguiente a Bernardo Vicente de Oviedo, abogado natural de Casares (Málaga), y del que probablemente tuvo conocimiento a través de su hermana, que residía desde 1768 en La Carlota junto a marido, que fue el primer habilitado general de esas colonias.

            Su etapa al frente de la colonia, ciertamente, se cuenta entre las más breves de todo el periodo foral, ya que apenas permaneció un año en el empleo; durante el cual tampoco pudo estar mucho tiempo presente en ella, ya que debió atender en Sevilla diversos asuntos por providencia de la Sala del Crimen de su Audiencia.

            A finales de 1786 tendría lugar el fallecimiento del contador de La Carlota, optándose por cubrir su vacante con el hasta entonces comandante de La Luisiana. De este modo, Ondeano dispuso que Bernardo Vicente de Oviedo pasase a ocuparse de esta última colonia, gozando también en su nuevo destino del sueldo de 600 ducados anuales, y que Juan de Urbina lo reemplazase en Fuente Palmera.

            Ahora bien, al igual que le ocurriría al yerno del subdelegado Antonio Cerón, en 1794 también se procedió a cesar a Oviedo al frente de su comandancia. En concreto, la razón esgrimida por el intendente fue la de haberse probado irregularidades en su gestión, tales como malversación de granos del pósito de diezmos y labradores, de los productos del diezmo de minucias y de intereses de los menores huérfanos de La Luisiana; siendo considerado responsable del alcance comprobado.

            A partir de entonces, probablemente, residiría en la ciudad de Écija ejerciendo como abogado. Allí se encontraba cuando fue nombrado intendente en comisión de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía por real resolución del Consejo de Castilla de 25 de marzo de 1815. Para ejecutar las tareas que se le habían encomendado, pasó a ellas en virtud de real orden de 26 de noviembre de ese mismo año; no obstante, su comisión no dio inicio hasta el 8 de enero siguiente. A partir de entonces los problemas con el intendente Polo de Alcocer y su subdelegado Manuel de Sousa fueron constantes, a lo que se sumó su falta de salud (padecía periodos de enajenación mental); que fue tan acusada que, temiendo morir, llegó a otorgar un codicilo en La Carlota en 1816. Como consecuencia, por real orden de 14 de enero de 1817 se mandó que cesase dicha comisión.

Fuente: Adolfo HAMER, “Los comandantes civiles. Bernardo Vicente de Oviedo (1785-1786)”, El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Mayo de 2012, p. 9.

La familia del Gino (Dublino)


Hispanizado en la forma de Dublino, aún persiste en nuestros días el apellido de aquel Michele Antonino del Gino que arribó en 1769 a Fuente Palmera. En su localidad de origen, éste también era conocido vulgarmente como Dughino o Duglino; variantes que se harían presentes también en la colonia a comienzos de la colonización.

Natural de Personico, hoy día integrado en el cantón suizo del Tesino, donde nació hacia 1731, estaba casado con Maria Elisabetha Croce, tres años menor que él, y tenía entonces dos hijos: Iacopo Giusseppe (1754) y Andrea (1759). Asimismo, también les acompañaba el padre de Michele, Giuseppe del Gino, que estaba viudo y contaba con sesenta y cinco años cuando llegó a España.

Asentados en el 5º Departamento, se instalarían en la aldea de Fuente Carreteros. En un primer momento se les concedieron las suertes 288 y 289, pero en septiembre de 1771 pasaron para mejorar a las suertes 279 y 296; que acababan de ser abandonadas por Pedro Getoni.

El matrimonio del Gino-Croce todavía tendría una última hija nacida ya en la colonia, María, que nació en enero de 1775. Ésta contraería matrimonio en 1791 con Jean Baptiste Grandadam, viudo, diecinueve años mayor que ella y vecino de Los Silillos.

Michele Antonino debió fallecer a finales de la década de los años ochenta, heredando la dotación su hijo primogénito Iacopo Giusseppe del Gino. Éste, aunque había residido toda su vida en Personico junto a sus padres, no nació allí sino en Ronco, otra localidad situada a unos kilómetros de la anterior, el 8 de diciembre de 1754; siendo llevado a bautizar a la iglesia de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo de la vecina localidad de Quinto.

Al momento de tomar las riendas de su dotación real, y aunque siempre vivió en el domicilio familiar, ya había formado su propia familia. En agosto de 1773 se había casado con Maria Giovanna Toquino, natural de Leontica, en la diócesis de Milán; un enlace del que nacerían José Nicolás Antonio y Catalina del Gino, el primero en 1777 y la segunda tres años más tarde.

En los últimos años del siglo XVIII, se le concedería por la Subdelegación de La Carlota, en calidad de auxilio de la dotación que ya poseía, la suerte 280; que vendería en abril de 1818 a Francisco José Repdele por tres mil reales de vellón.

Desconocemos cuándo falleció Iacopo Giusseppe, que tras enviudar contrajo segundas nupcias con Francisca Carmona, pero ello debió tener lugar en algún momento entre 1827 y 1838. Entonces, le sucedió en la dotación su hijo José del Gino (Duglino), casado desde 1802 con María Margarita Luisa Yemusa Balmont; el cual disfrutaría de ella hasta su fallecimiento, acaecido el 7 de abril de 1850. De resultas de ello, su viuda pasaría a vivir con su hijo mayor, Juan Duglino Yemusa, y su nuera Ana María Bernete.

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Fuente: Adolfo HAMER, "Los primeros colonos. La familia del Gino (Dublino)", El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Enero de 2012, p. 8. D.L.: 65-2010.

Marcos de Lara (1825-1835)


Por estar imposibilitado Manuel de Lara para continuar al frente de la comandancia, ya que contaba con más de setenta años, el subdelegado Manuel de Sousa nombró comandante interino de Fuente Palmera a su hijo Marcos de Lara el 7 de mayo de 1825 mientras el intendente resolvía. Una resolución que sería satisfactoria, ya que continuó en el empleo hasta la derogación definitiva del Fuero, que tendría lugar en marzo de 1835.

Nacido en Córdoba en 1792, llegó a la colonia acompañando a sus padres, el ya mencionado Manuel de Lara y Manuela Carracedo, a comienzos de la segunda década del siglo XIX. No obstante, nunca perdería el contacto con la capital, como lo prueban el que contrajera matrimonio con María Dolores Hidalgo de la Torre, natural también de Córdoba y dos años mayor que él, y el que sus dos hijas nacieran allí: Josefa en 1823 y María Dolores en 1828.

El hecho de que su padre actuara como comandante le permitiría tomar contacto desde muy joven con las labores de gobierno y administración de Fuente Palmera, lo que posibilitaría que pudiera darse el caso, único en las colonias de Andalucía, de que un hijo sucediera a su progenitor al frente de una comandancia. Buena prueba de las aptitudes que mostraba es, por ejemplo, el hecho de que durante el Trienio Liberal (1820-1823) fuera el elegido para ocuparse de la secretaría municipal del recién constituido Ayuntamiento de Fuente Palmera.

Pero, sin duda, su etapa más destacada coincidiría con la década comprendida entre 1825 y 1835. Serían unos años muy intensos, y en los que se pondrían en marcha iniciativas tan destacadas como el establecimiento en la colonia de tres grandes pagos de olivar: La Jara (1826), El Horcajo (1826) y Cañada Hermosa (1827).

Derogado el Fuero, Marcos de Lara, al igual que harían otros dirigentes neopoblacionales, decidió no abandonar la colonia que había gobernado. Su ocupación en los años posteriores sería básicamente la de propietario y, tal vez, la de arrendatario de las propiedades de otros colonos. De ahí que mediados de siglo no fueran muchas, ciertamente, las propiedades registradas a su nombre: una senara de cinco fanegas de olivar en las proximidades del núcleo de Fuente Palmera y dos solares urbanos, uno en la calle del Rey y otro en la calle Fuente. Asimismo, la nueva corporación municipal también contó en sus inicios con su presencia; actuando éste como concejal en los periodos 1837-1838 y 1842-1845.

Del mismo modo, sus hijas tampoco abandonarían la localidad. En ella contrajeron matrimonio (Josefa con Mariano Velasco y María Dolores con Juan Ramón Bernier), y aquí nacerían y vivirían sus hijos.

Marcos de Lara enviudó el 10 de diciembre de 1855 tras fallecer su mujer víctima de la epidemia de cólera morbo que afectaba entonces a buena parte del país. Él viviría aún diez años más, muriendo el 18 de junio de 1865 a causa de una congestión cerebral. De su entierro, que tendría lugar al día siguiente en el antiguo cementerio de la colonia, se ocupó la Hermandad de Ánimas Benditas, de la que éste formaba parte.


Fuente: Adolfo HAMER, "Los comandantes civiles. Marcos de Lara (1825-1835)", El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Enero de 2012, p. 8. D.L.: 65-2010.

Ochavillo del Río, pueblo de todos



Montaje fotográfico sobre Ochavillo del Río, realizado por el usuario "1986popes".